CULTURALIA. UNA MALA Y UNA BUENA

NOÉ GUERRA PIMENTEL*
Además de su estatura lo recuerdo por su inteligencia, sentido del humor y reciedumbre, rasgos que le conocí cuando fue mi tutor de prácticas docentes en artes plásticas realizadas en la escuela secundaria No. 4 donde era titular en 1986. Nacido en la ciudad de Colima en 1926, en el seno de una de las familias de mayor tradición y arraigo como el menor de la prole de Vicente Portillo Navarro y María del Toro Méndez, la madrugada de este miércoles 22 de mayo a los 87 años, aquejado de neumonía, dejó de existir el prolífico artista plástico Gabriel Guillermo Portillo del Toro (a) “el Tribi” o “Tribilin”, como también se firmaba, igual que “GP”, como identificamos sus cartones.



Fue fundador y durante más de una década director y docente de la escuela de Artes, actual IUBA. Uno de los artífices de la tropical plástica contemporánea y muralismo cubista, estilo con el que se despidió legándonos un catalogo de más de 40 piezas entre obra de caballete y mural, colección representativa del acervo universitario y que a nivel público podemos apreciar en museos como Regional de Historia y el de Artes Populares, además de Palacio de justicia, el templo Espíritu Santo, la facultad de Derecho y en la sede de la presidencia capitalina.


Padre de cinco hijos que le sobreviven con Alicia Ceja, su esposa, fue contemporáneo de aquel grupo de colimenses que entre los sesentas y hasta los ochentas perfilaron la pintura artística local, tales como Chávez Carrillo y Rangel Hidalgo, también ya fallecidos y extraordinarios exponentes cada uno dueño de su propio estilo y trayecto en un Colima apegado y celoso de sus costumbres. Que mi maestro en paz descanse.

El mismo miércoles, por la noche tuve el privilegio de participar en la presentación de un texto ejemplar: “ExConvento de la Merced en Colima, ss. XVII AL XIX de la autoría del maestro Luis Manuel Cárdenas Martínez, ante un auditorio pletórico que se dio cita en el elegante marco del salón vitral de la Pinacoteca universitaria, el XXX aniversario de la facultad de arquitectura y la XV jornada de Al Texto, ofrecí un comentario que en su parte medular reproduzco.

Es increíble, dije, más de cuatrocientos años de historia enmudecida nos llamaban para decir su propia razón, su condición e importancia y yo no escuchaba aquel entonces mientras caminábamos y con asombro y observábamos las toscas paredes de ladrillo, mismas que algún día se vieron recubiertas de estuco y coloreadas, enmarcando ojos de buey y festones dorados hasta el remate alto del naciente de su cubierta de cántaro en bóveda que el tiempo y los sismos derrumbaron y con ellos esa ostentación de la arquitectura eclesiástica.

Edificaciones de un periodo de la humanidad, símbolo del espíritu investigativo, de las ansias exploradoras, del descubrimiento científico, del arraigo de visiones diferentes y de la represión hasta casi anulación de la generación disimulada de nuevas ideas y de formas que a la distancia fundarían una idiosincrasia permeada a nuestra época con su gama de aciertos, errores y contradicciones para hacer este contemporáneo caracterizado por libertades a la vez que actitudes reprimidas, muestra de una doble moral que por centurias obligó a creer en un solo motivo y a confiar en que para vivir antes había que morir.

Este aportador estudio, no obstante la escases de testimonios tiene, entre otras, la cualidad de conducir por los avatares de un grupo religioso, los monjes Mercedarios, por la historia de la religión en su presencia mundial y específicamente en la Villa de Colima a lo largo de los siglos en que esta entidad figuró en una sociedad que, como la mayoría durante el virreinato, trascurría bajo designios clericales que con el poder virreinal, disponía de almas y de cuerpos.

Cabe apuntar que el trasiego cenobita desde otra óptica y en tiempo precedente también fue abordado con puntual claridad y pertinente profundidad por la muy respetada historiadora Magdalena Escobosa Haas, obras que afirmadas de manera complementaria vienen a contribuir al escaso conocimiento que hasta antes de ellos había de los mercedarios y trascendencia en la construcción de este Colima.
*Socio de número de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C.

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