CULTURALIA. PUEBLA, LA HISTORIA OCULTA

"Las armas nacionales se han cubierto de gloria"
I. Zaragoza. 5 de mayo de 1867.
NOÉ GUERRA PIMENTEL*



¡Mentira! Para empezar la ensalzada batalla del 5 de mayo de 1862 no fue la cruzada definitiva que derrotó a los franceses y que tanto insisten en hacernos creer quienes se han encargado de tergiversar la historia, a lo mucho solo postergó la invasión unos meses. No obstante, y con fines más que perversos esta acción artificialmente se ha engrandecido y para ello se ha encumbrado a un personaje, Ignacio Zaragoza, quien, hay que decirlo, a esas alturas poco sabía de sí y del presunto valor que le atribuyen agobiado como andaba por la fiebre tifoidea que escasos cuatro meses adelante lo aniquiló a la edad de 33 años.



La figura y la prematura muerte de Zaragoza ha sido utilizada por lo menos en dos ocasiones y ha sido con los mismos propósitos: la primera por Juárez y la segunda por los “revolucionarios” del s. XX, tratando de ocultar al verdadero héroe, negarle la autoría y desconocerle su grado heroico. Características, que dicho sea, han sido bien justipreciadas en el extranjero, donde en vida y aún después de muerto se le ha honrado y reconocido como el más alto estadista de América, me refiero a Porfirio Díaz, a ese férreo militar que el 2 de abril de 1867, derrotó definitivamente a los franceses y los echó de esta tierra para siempre.

La invasión francesa se concretó en 1863 ahí mismo en Puebla, donde librándose una segunda batalla, después de la del 5 de mayo, entre unos 35 mil europeos contra 29 mil mexicanos lograron avanzar hasta la Ciudad de México, lo que permitió establecer el Segundo Imperio, mismo al que, como ya dije, derrotó Porfirio Díaz. Cabe aclarar que en ese ínterin las fuerzas de la República tuvieron muchos reveses y conocieron muy pocos triunfos. La superioridad del enemigo había dispersado y arrinconado al ejército nacional en unas pocas áreas del territorio, desde donde apenas si resistieron en la reconquistar de la soberanía.

Sin embargo y con más corazón que otra cosa, lentamente los partidarios de la causa que representaba Benito Juárez lograron revertir las circunstancias y convertirse de perseguidos en persecutores. En 1867 fueron los imperialistas quienes fueron obligados a parapetarse; así ocurrió en las ciudades de Querétaro, México y Puebla. A Díaz le correspondió tomar esta última posición, mientras que Mariano Escobedo intentaba derrotar al emperador guarecido en Querétaro. El 9 de marzo, los republicanos iniciaron el sitio de Puebla. Díaz erigió su cuartel en el cerro de San Juan, una verdadera hombrada del juchiteco, pues no disponía de lo necesario para poder enderezar la toma del sitio.

La milicia imperial refugiado en Puebla, igual que otras zonas del Bajío, contaba con el beneplácito de los lugareños acaudalados quienes gustosos “para mejorar la raza” literalmente les ofrecían sus hijas entre fiestas campamentos, bajo el disimulo cómplice y la abierta protección del clero católico, ejercito que superaba a los mexicanos en cantidad y calidad de artillería.

La Toma de Puebla al mando de Díaz, tuvo lugar desde el 9 de marzo hasta el 2 de abril de 1867, entre elementos del ejército mexicano contra las tropas al servicio del Segundo Imperio Mexicano comandado por François A. Bazaine, e integrada por soldados mexicanos conservadores y franceses. El oaxaqueño entonces incorporó a todas sus tropas civiles, incluso a las que luchaban a las afueras de Puebla y bloqueó los accesos a la ciudad. El avance de los conservadores al mando de Leonardo Márquez era una seria amenaza por lo que Díaz se la jugó y se decidió a tomar Puebla, para cerrarle así el paso a Márquez, y evitando con ello su arribo a Querétaro, donde serían invencibles.
                                                                                                                                     
La Batalla se realizó principalmente sobre el Convento del Carmen, fortín de los imperiales, ahí estaba la mayor parte de sus sitiados. La madrugada del 2 de abril los republicanos se colocaron en sus puestos, a las 2 de la mañana unos atacaron al Convento y el resto permaneció en sus puestos hasta la orden de asalto, lo que ocurrió a las 3 y media. Al amanecer la ciudad estaba en manos republicanas con Díaz al frente. Al mes siguiente, y después de perder más de 11 mil hombres, el más prestigiado ejercito del mundo, el Francés, inició la definitiva retirada de México, a su suerte dejó al Emperador Maximiliano, quien el 19 de junio siguiente,  junto con Mejía y Miramón, fue fusilado.
*Socio de número de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C.

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