CULTURALIA. EL MUSEO



“Los museos se esfuerzan en alcanzar la conciliación
de su tradicional misión de conservación con el cultivo de la creatividad,
necesaria para su renovación y para aumentar el número de visitas,
y tienen la firme convicción de que su presencia y
sus acciones pueden cambiar la sociedad de manera constructiva.”
Julien Anfruns, Director general del ICOM

NOÉ GUERRA PIMETEL
La comunidad museística mundial celebra este 18 de mayo el Día Internacional de los Museos. Este año el tema es Museos (memoria + creatividad) = progreso social. Nuestro rico patrimonio, expuesto y protegido por los museos, se asocia a ingenio y a vitalidad, dos características que en los últimos años han caracterizado al sector museístico y son las principales fortalezas de los museos. En 1977, el Consejo Internacional de Museos (ICOM) creó el Día Internacional de los Museos para sensibilizar al público sobre el papel de los museos en el desarrollo de la social. Desde entonces, el evento ha beneficiado una popularidad creciente. En 2012, este día vio la participación récord de unos 32 000 museos que organizaron actividades en más de 129 países.



El término museo es una derivación de la palabra griega museiun, que era el nombre de un templo de Atenas dedicado a las musas. En el siglo III, esa misma palabra se utilizó para designar un conjunto de edificios construidos por Ptolomeo Filadelfo en su palacio de Alejandría. Sabemos, por otra parte, que ya en el siglo V se daba el nombre de pinacoteca a un ala de los Propileos de la Acrópolis de Atenas y se cuenta que en ella guardaban pinturas.

Los romanos desarrollaron la costumbre del coleccionismo de obras de arte, especialmente a partir de los saqueos de Siracusa (-212) y de Corinto (-146), con el producto de los cuales llenaron los templos de Roma de obras de arte griegas. Pompeyo, Cicerón y Julio César se enorgullecían de sus propias colecciones. Durante la Edad Media, algunos templos acumularon objetos artísticos, como San Marcos, en Venecia, y Saint-Denis, cerca de París, mientras que algunos reyes creaban sus propias colecciones. El emperador bizantino Constantino VII Porfirogeneta era un auténtico arqueólogo y coleccionista de objetos de arte, que mostraba a sus invitados durante los banquetes.

Carlomagno reunió un tesoro en el que abundaban obras de arte romano y al que se añadieron el tesoro de los hunos, capturado por el duque de Friul, el botín ganado a los musulmanes por Alfonso II el Casto, con motivo de la toma de Lisboa, y los regalos de Oriente que le envió el califa Harun-al-Rachid. La pasión por el coleccionismo de arte aumentó en el Renacimiento. En 1471, el papa Sixto IV fundó un antiquarium abierto al público en el Capitolio de Roma. Entre los siglos XVI y XVII las colecciones reales no dejaron de aumentar en importancia. Pero el verdadero fundador del Museo de Viena fue el archiduque Leopoldo Guillermo.
 
En el siglo XVIII, todos estos tesoros fueron instalados en el Belvedere, de Viena, y abiertos al público en 1783 por orden José II. Los reyes españoles Felipe III y Felipe IV enriquecieron la colección formada por Felipe II mediante compras en Flandes, Nápoles y Milán, a través de sus virreyes o agentes especialmente encargados de este trabajo.

Las colecciones de los reyes de Francia fueron nacionalizadas en 1793. Instaladas en el palacio del Louvre, que fue abierto bajo el nombre de "Museo de la República". Estas series se enriquecieron rápidamente por Napoleón que, en sus tratados, obligaba a los vencidos a entregar obras de arte. En 1847 se construyó el edificio del British Museum, en Londres. Hacia 1830, Luis II de Baviera hizo construir la Gliptoteca de Munich. Y en 1852 se abrió el último de los grandes museos europeos: el Ermitage de San Petersburgo (Leningrado), cuyas riquezas llenan más de 14 kilómetros.

En la segunda mitad del siglo XIX surgieron los primeros museos norteamericanos, como el de la U. de Yale. Pero la gran importancia de los museos de Estados Unidos proviene de donativos realizados a partir de 1900. De este modo se constituyeron la Galería Nacional de Arte de Washington (1937) y el Museo de la Universidad de Harvard (1928), así como los de Atlanta, Denver, Houston, Kansas City, Nueva Orleans, etc.

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