CULTURALIA. ENTRE VALENTINA Y ADELITA

NOÉ GUERRA PIMENTEL*

En el marco conmemorativo del Bicentenario del inicio de la Independencia de México y del Centenario del inicio de la Revolución mexicana, en la Cámara federal de diputados se dio un proyecto de decreto, para inscribir en “Letras de Oro” en el Palacio Legislativo, los nombres de “la Valentina” y “Adelita”.
Mismo que a la letra dice: La suscrita…, integrante de la LXI Legislatura de la Cámara de Diputados, con fundamento en lo dispuesto en los artículos 71, fracción II, de la Constitución Política, así como 55 fracción II, 56, 62 y demás relativos, someto a la consideración de esta soberanía la presente iniciativa, por la que se inscribe con letras de oro..., los nombres de Adela Velarde Pérez y Valentina Ramírez Avitia, con fundamento en…” El proyecto de decreto, según la Gaceta Parlamentaria, fue “Dado en el salón de sesiones de la Comisión permanente del H. Congreso de la Unión, a 11 de agosto de 2010”.
María Valentina de Jesús Ramírez Avitia, conocida más como “La Valentina” por el corrido (cuya inspiración se la disputan por lo menos otras tres “valentinas”), nació en Navolato, Sinaloa en 1893, aunque otros dicen que en Tamazula, Durango, como hija de “Pedro Gatica”, un caballerango que se hizo a la revolución, caído pronto en combate, por lo que ella, huérfana, se unió al movimiento maderista el 12 de enero de 1911 a la orden de Ramón Iturbe, quién por méritos le dio grado.
Participó en batalla contra las fuerzas porfiristas; destacando en Culiacán y en la toma de Topia, Durango; se documentó de ella que tras el asesinato de Madero y Pino Suárez en 1913, se adhirió a las fuerzas de Obregón y que era la admiración de la tropa por valiente y decidida, hermosa y llamativa. Su atuendo era militar, vestía como hombre y portaba dos Cananas cruzadas al pecho con fusil (carabina 30-30) al hombro. Su figura, unida a su belleza, la convirtieron en símbolo de amor para muchos soldados, por lo que su corrido la volvió emblema del movimiento.
No obstante se afirma que desde 1909, “La Valentina” ya se cantaba en Sinaloa como estímulo a los jóvenes para que ingresaran al ejercito, incitándolos como los símbolos de valentía y estoicismo del mexicano que hasta su vida ofrenda por amor: Valentina, Valentina, yo te quisiera decir, que una pasión me domina y es la que me hizo venir. Dicen que por tus amores un mal me van a seguir, no le hace que sean el diablo yo también me sé morir. Si porque tomo tequila, mañana tomo jerez, si porque me ven borracho, mañana ya no me ven. Valentina, Valentina, rendido estoy a tus pies, si me han de matar mañana, que me maten de una vez.
“La Valentina”, vivió sus últimos años en el Valle de Guadalupe, zona vitivinícola de Ensenada de B.C., conservaba el uniforme con insignias en el sombrero que mostraban su grado: tres estrellas, coronela de caballería, veteranía recibida desde 1962, murió a los 103 años de vida en el hospital de Brawley, California.
Adela Velarde Pérez, más conocida como “La Adelita”, fue de carne y hueso, fue real, nació el 8 de septiembre del año 1900, en Juárez, Chihuahua, donde estudió sus primeras letras. Su nombre ha pasado las fronteras geográficas y temporales de la historia y el mito, con su nombre han surgido innumerables fantasías. La leyenda dice que en contra de su padre, un adinerado comerciante, se incorporó como enfermera a la “Cruz Blanca”, donde aparte de su juventud y galanura también llamó la atención por diligente y efectiva en atención a heridos.
De entre la Tropa, un sargento de nombre Antonio del Río Armenta, en gratitud, le compuso y le interpretaba el corrido que lleva su nombre, eso allá por 1914 o 1915, en plena etapa constitucionalista de la revuelta civil mexicana: Si Adelita quisiera ser mi novia, si Adelita fuera mi mujer, le compraría su vestido de seda para llevarla a bailar al cuartel. Si Adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por mar, si por mar, en un buque de guerra; si por tierra, en un tren militar.
Esa es solo una de las varias versiones conocidas, hay otras: Que la compuso Elías Cortázar Ramírez, militar de origen jarocho; que es anterior a 1910, y que el verdadero autor fue el sinaloense Ángel Viderique, ratificándolo con parte de la letra que alude al mar, lo que no es natural en alguien de Durango o Chihuahua; que surgió en abril de 1913, cuando Maclovio Herrera, Rosalío Hernández y Manuel Charo tomaron Camargo, Chihuahua; y, que es anónima, escuchada por el villista Domingo Arrieta a unos músicos en campaña por Sinaloa, de la que le solicitó al director de su Banda, Julián S. Reyes, que la instrumentara.
No obstante, más allá de la leyenda, la realidad es que a la ciudadana Adela Velarde Pérez, “La Adelita”, la asociación de veteranos de la revolución la reconoció, como la enfermera del famoso corrido, la que desde 1913, a la edad de catorce años, activamente militó en la División del Norte bajo el mando de Carlos Martínez, así como en el ejército del Noreste en las campañas de Chihuahua, Zacatecas, Torreón, Aguascalientes, la ciudad de México y Morelos, motivos por los que el 22 de febrero de 1941 fue oficialmente reconocida como Veterana de la Revolución y miembro de la Legión de Honor Mexicana en 1962, haciéndose acreedora a una pensión vitalicia, por sus servicios a la revolución. “La Adelita”, casi en el olvido, falleció en 1971 en un hospital de Estados Unidos.
Sin duda los personajes femeninos con mayor proyección en la guerra civil mexicana de principios del siglo pasado, la también llamada revolución mexicana, son los de La Valentina y La Adelita, más este último, ha devenido como denominativo de las mujeres anónimas que participaron en esa revuelta armada. En la memoria colectiva de los mexicanos, La Adelita y la Valentina, indudablemente representan a la mexicana que desafiando a su tiempo, han contribuido a la reivindicación de su valioso e indispensable papel histórico.
*Presidente de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C.

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