CULTURALIA. INDIO ALONSO, EL MITO DE UN CRIMINAL


NOÉ GUERRA PIMENTEL*
 
Vicente Alonso Teodoro, según era su nombre de pila, fue hijo de Justo Alonso y de Maximina Teodoro, ambos vecinos de Zacualpan. Vicente, uno de los colimenses que se autonombraron villistas para justificar sus actos criminales, pues ni en los hechos, ideales o convicciones se vinculó con el Centauro del Norte. Nacido, como sus padres y abuelos, en la comunidad de Zacualpan, del municipio de Comala en 1882, Vicente Alonso pasó su niñez en el anonimato, como criado de Arnoldo Vogel.

Se desconoce el móvil, pero desde antes del inicio de la llamada Revolución mexicana, sobre 1909, Alonso Teodoro, sin mayores antecedentes que la de ser un peón de raya de los alemanes en la Hacienda de San Antonio, y eventual contratación de una compañía en expansión, la “San José de Colima, Lumber Company”, pasó a la historia luego de asesinar, rumbo al cerro Grande, bajo presunción de robo, al estadounidense Chas F. Temple, apoderado y pagador de la próspera empresa maderera que se había instalado y ya operaba hasta con rieles de transportación desde el Cerro Grande hasta la Hacienda de la Albarradita al sur de la ciudad de Colima.

Desde ese entonces Alonso, alias “el Indio”, empezó a cobrar cierta fama negra como bandido y salteador de caminos, pero además por haberse convertido en un verdadero azote de las familias pudientes de la época, por lo que fue buscado por el Gobierno encabezado por el general Juan José Ríos, quien no obstante la presunta filiación de Vicente, le enderezó campañas sin encontrarlo, escondido como se movía por cuevas y vericuetos que como pocos él, Alonso, conocía, por lo que el castigo se aplazó, acumulándose agravios sociales y la popularidad del forajido, al grado que se le puso precio a su cabeza: Vivo o muerto.

Conforme sus crímenes como salteador, violador, secuestrador, asesino, abigeo e incendiario fueron en aumento y dado que la policía no daba con él, se le fueron construyendo cuentos alimentados por el ocio, la lejanía, los rumores, la oscuridad, el chirriar de los grillos y la fantasía. Eran cuentos de miedo, de pactos con el Diablo, de tesoros escondidos, de brujos y naguales, de espantos. Eran ficciones y temores fundados en la ignorancia y la superstición de la época.   

A decir verdad los lugareños que se veían asolados por las incursiones del bandolero y sus secuaces, contra lo que afirman algunos, lo repudiaban, no lo querían, pues a donde llegaba gustaba irrumpir a las casas, donde además de sustraer bienes materiales y dinero, además de asesinar a quienes se le oponían, violaba y si le gustaban se llevaba a las jóvenes a las que luego sacrificaba, pero además nunca dio dinero y el botín, se afirma, se lo resguardaba una rica familia de europeos.

Otro dato curioso, fue que él solo se dio grado militar como Teniente y con éste le escribió al general Juan José Ríos, entonces comandante militar y Gobernador de Colima, ofreciéndole deponer las armas y en cuya carta, según se dice, se lee lo siguiente: "...No soy partidario carrancista ni villista, nada más ando en el partido villista pa' tener bandera alguna." A cambio de rendirse, puso al gobierno estatal sus condiciones, en respuesta le ofrecieron 50 pesos.

Sobre su muerte, ocurrida en 1917, lo que se deduce es que “el Indio Alonso” fue víctima de sus excesos, pues ya cansado de huir, acorralado y agobiado por malestares físicos, fue una mujer que había secuestrado meses antes, Ramona Murguía, oriunda de Zapotitlán de Vadillo, quien puesta de acuerdo con Esteban García, el asistente del Indio, quienes lo asesinaron. De esta manera, allá por rumbos de Juluapan en Villa de Álvarez, mientras Vicente, deliraba agobiado por la fiebre, ella de un solo tajo con un cuchillo le cortó la yugular y luego, Esteban, lo remató con un balazo en la cabeza, para inmediatamente después con el cuerpo aún convulsionándose, cortársela de un machetazo; misma que entregada a la autoridad y luego expuesta afuera del portal Medellín, para escarmiento, era Gobernador el profesor Felipe Valle. Así acabó, a los 35 años de edad Vicente Alonso Teodoro, el célebre “El Indio Alonso”.

*Presidente de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C.

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