CULTURALIA. ENTRE EL CHIVO Y EL ZORRO


NOÉ GUERRA PIMENTEL*
De Luis Gutiérrez Vizcaino, apodado "El Chivo Encantado", se sabe que sobre el año de 1913 trabajaba en la Hacienda Los Bancos, donde vivía y que de ahí se fue a Parácuaro,  invitado por un conocido de él, quien lo describió así: “Tengo muy presente que él (el chivo encantado) era blanco-rubio, delgado más bien chaparro, el iris de sus ojos no era negro, ni azul, ni verde, ni café, sino amarillo como de color tejocote. Nunca había visto ni he vuelto a ver alguien con ojos así. Tenía un bigotillo rubio-amarillo y una barba rala del mismo color. Lo raro de la barba era porque no le bajaba ni un solo pelo a las mandíbulas, sino sólo del mentón, como a los chivos. Tal vez por eso le acomodaron el apodo”.
Fuente:  http://www.paramich.org/el_chivo_quemo.htm

Se decía originario de Degollado, Jalisco, donde había sido zapatero remendón, bandido, mal hablado y violento con fama de matón. “El Chivo” fue uno de los fortuitos iniciadores de la revolución entre Jalisco y Michoacán bajo la bandera villista. Célebre por sanguinario y sádico, abusaba de cuanta mujer encontraba, a las que una vez cometida su fechoría se las pasaba a los otros y, al final, con saña, el mismo las asesinaba. A Gutiérrez se le describía como un tipo sucio, piojoso, alcohólico y que de niño se dedicaba a matar cerdos y aves. Según en Parácuaro dejó hijos, pero nadie se acuerda de él. El Cronista de Tecomán, José Salazar Cárdenas, apunta que en 1916 el “Chivo encantado” incendió la estación de Tecomán, saqueó el pueblo y quemó su archivo en una avanzada.

Su camino de crimen e impunidad llegó a su fin cuando en 1917, confiado regresó con sus tropas a Parácuaro, lugar donde al verse acorralado por los carrancistas les mandó un mensaje diciéndoles que venía en paz, que lo dejaran salir ya que si no lo hacían quemaría el pueblo. Al no tener respuesta, antorcha en mano quemó casa por casa hasta incendiar el pueblo entero. Días después, en agosto, su cabeza apareció clavada en una estaca por los rumbos de Coahuayana, cerca de Colima donde unos ganaderos, hartos de sus abusos lo habían atrapado.

Pedro Zamora, fue apodado como el Zorro de Jalisco, un individuo que como providencial refugió se asumió “Villista” en tiempos de la Revolución para encubrir sus crímenes y abusos con los que azoló a toda la región del sur de Jalisco. Criminal desalmado que al tiempo se ha vuelto leyenda en los relatos costumbristas de la región con los que se busca hacer héroes a delincuentes incendiarios que se valieron del río revuelto que fue aquella guerra civil.  

Pedro Zamora, se dice que nació en El Palmar de los Pelayo, cerca de El Limón, Jalisco. Su zona de mayor impacto y terror durante la década en la que anduvo a salto de mata, delinquiendo sin razón más que la oportunidad del momento que le ofreció la bandera revolucionaria, haciendo su propia “revolución”, fue la del Valle de Tuxcacuesco, donde además de incendios infringió verdaderos pesares y profundas perdidas a la gente de la región.

Sin alcanzar el grado épico, hay un solo hecho que lo acerca al villismo y fue en 1915 cuando el Centauro del Norte ya había perdido fuerza en su avanzada contra el Occidente del país, cuando Zamora, no se sabe si por mandato de Villa, intentó recuperar Sayula sorprendiendo a una desprevenida guarnición carrancista, pero en esa ocasión la autoridad municipal con la plaza desguarnecida organizó la defensa en un combate desigual centrado en la iglesia y en la presidencia municipal, dando a unos 600 alzados hasta la madrugada con la llegada de refuerzos en defensa del sitio.

Ante esto y la falta de garantías, varias familias de Atemajac de Brizuela (donde ya había dado muestras de su vocación desalmada), Tapalpa, Teocuitatlán, San Gabriel, Tonaya y otros pueblos del sur de Jalisco se tuvieron que refugiar en Sayula, como los Brizuela, los González, los Villa Michel y los Pérez Rulfo Vizcaíno. La muerte de Pedro Zamora es un misterio, nadie da cuenta de qué pasó con él, hay versiones de que fue asesinado en la capital en un lío de borrachos, pero nadie sabe donde quedó este individuo que como otros aprovechó la época para hacerse de un nombre y de una fama ganada a la mala.
*Presidente de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C.

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