CULTURALIA. LOS CEDART EN SU LABERINTO

NOE GUERRA PIMENTEL*
Para nadie es un secreto la problemática que a nivel nacional enfrenta la educación pública en todos sus niveles, misma que se agudiza en los superiores y más aún en las áreas humanísticas, donde por lo general los estudiantes se encuentran con programas obsoletos, materias inoperantes, docentes ineptos e instalaciones deplorables, condición precaria que viene a encontrar sus peores reductos en las áreas de desarrollo humanístico y de manera más preocupante en el artístico, tal y como desde su génesis han sido los CEDART (Centro de Educación Artística), entidades que surgen hace más de tres décadas y media y que han prevalecido con la expectativa de crear instructores o bachilleres en arte.

Son 12 los CEDART que actualmente operan en el país, 3 ubicados en el Distrito Federal y los demás en diferentes estados, como en Colima el "Juan Rulfo", Chihuahua "David Alfaro Siqueiros", el “Diego Rivera” en la ciudad de México; el “Luis Spota Saavedra” allá también, igual que el “Frida Kahlo”; mientras que en Guadalajara está el "José Clemente Orozco", en Hermosillo el "José Eduardo Pierson" en Mérida "Ermilo Abreu Gómez", en Monterrey el "Alfonso Reyes" en Morelia el "Miguel Bernal Jiménez", en Oaxaca el "Miguel Cabrera" y en Querétaro "Ignacio Mariano de las Casas".

Cabe recordar que fueron creados para que funcionaran como una instancia propedéutica formal para las Escuelas Superiores de Arte, en su historia han pasado por diferentes etapas, contemplado diferentes perfiles y experimentado sucesivos rediseños pedagógicos y curriculares, debiendo desenvolverse en condiciones institucionales y sociales adversas, debido sobre todo a dos factores, la falta de atención y de conexión interinstitucional y lo atípicas, poco valoradas y hasta discriminadas peculiaridades del área formativa que atiende.

No obstante, es indiscutible que dichos centros han contribuido a consolidar un profundo sentido de pertenencia, identidad y una renovada tradición de resistencia; lo mismo en la perspectiva nacional, que al interior; igual que entre alumnos y profesores, que entre egresados y padres de familia. Ese compromiso y esa resistencia, hace años que comenzó a dar frutos, sus egresados son protagonistas destacados de la vida artística, cultural y educativa del País, lo mismo como creadores propiamente dichos, que como docentes, investigadores, promotores y periodistas, entre otras. Muchos han desarrollado sólidas trayectorias profesionales no sólo en México, sino en el extranjero.

El reconocimiento institucional del valor de CEDART ha dado lugar a diversas estrategias de vinculación, cooperación e intercambio con instancias federales, estatales y municipales. Sin obviar la importancia que tiene el hecho de ser parte de una institución pública nacional, lo cierto es que, para la cosecha de frutos semejantes, el elemento fundamental ha sido durante estas tres décadas y media la fortaleza de las comunidades educativas, el conocimiento de las específicas condiciones de trabajo, sobre las cuales han de desempeñar su labor, así como la plena ubicación de los contextos locales dentro de los que se materializa esa labor. En ese sentido, la designación de cuerpos directivos no puede someterse a la decisión exclusiva de docentes y alumnos, pero sin lugar a dudas, tampoco puede instrumentarse ignorando o minimizando el punto de vista, las necesidades, el conocimiento y la experiencia que ellos representan y poseen y que ya reclaman por lo menos en siete de los doce planteles del país, con la amenaza de que la inconformidad crezca y sobre lo que el INBAL tiene la última palabra.
*Egresado 1982-1986 y Presidente de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C.

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