CULTURALIA. DIAS DE FERIA

NOÉ GUERRA PIMENTEL*
Solo fui un día, el sábado 29 de la inauguración y fue suficiente. Lo mismo del año pasado, coincidimos entre los que íbamos. Sin duda es encomiable el esfuerzo que se hace y en el que se involucra mucha gente para que éste festejo anual, el más tradicional de la entidad, siga resultando atractivo y continúe generando, además de recreación y sano esparcimiento, dividendos a Colima a través del Gobierno del Estado que mucho se esfuerza porque luzca y cada vez sea mejor; no obstante, creo que hay áreas en las que se debe mejorar.

Por ejemplo, es pertinente que se cuide, así como ya se hace con el transporte, que los comerciantes no abusen con los altos precios, que ya controlen esas ofensivas tarifas de los juegos mecánicos y en los restaurantes, donde acceder y consumir es sumamente gravoso y nadie hace nada, donde desde hace rato se debió de haber intervenido y no solo entre los que venden kilos de 700 gramos, sino también y urge, entre los restauranteros-botaneros que además de impunemente manejarse con publicidad engañosa, se pasan de vivos con los precios tanto en bebidas como en comida, lugares en los que, comentario aparte, compiten con el extremo ruido que rebasa cualquier nivel de decibeles permitido.
Otro aspecto sin aparente control es el del Palenque, recordando aquí que no siempre lo cómodo es lo mejor y menos cuando se trata de dar concesiones a verdaderas mafias, a esas entidades opacas que manejan el espectáculo y la “variedad”, misma que solo tiene el nombre pues no salen de lo mismo con sus narcocantantes gruperos y gente que por decir lo menos, se ha visto implicada en asuntos raros y que con su presencia en nada abonan a la crisis de inseguridad por la que en lo general estamos atravesando. En esa misma ruta cabría enunciar al Casino, que cada vez más viene a menos con el espectáculo y los “artistas” que traen, en los que o bien son grupos y solistas en decadencia, retirados o los infaltables desconocidos, sin descontar a las estrellitas fugaces de una sola canción, pero nada que valga lo que cobran.
Respecto a las exposiciones institucionales, esta vez más que ningún otro año y donde para el caso los pretextos sobraron, según que por “Jova”, que por los “recortes”, el caso es que la creatividad brilló por su ausencia en espacios increíblemente desaprovechados, principalmente los municipales, donde el culto al ego tuvo su más ridícula expresión con fotos y más fotos de los alcaldes y la alcaldesa en evidente proselitismo con imágenes retocadas y montajes inconcebibles; en verdad, qué pena que se ofenda así a la tradición, a la inteligencia de la gente y burdamente se apologicen la ignorancia y la frivolidad, sin hablar de los ilegales tianguis de fayuca que por días inundaron los corredores aledaños, hasta que intervino la AFI y PGR contra este giro inadmisible en eventos familiares y de salvaguarda de nuestras expresiones vernáculas como éste.
Por otro lado, es más que urgente que se valore la permanencia en las instalaciones de la exposición ganadera, una costumbre ya rebasada y, de suyo, peligrosa no solo por los brutos que se exponen en condiciones precarias y bastante estresantes, sino por la contaminación y riesgo sanitario que generan a los puestos de comida aledaños ubicados a unos metros. Al momento no ha trascendido algún caso de contaminación directa, pero no esperemos, siempre será mejor prevenir.
¿Dónde quedó la novedad de cada año? ¿En qué momento perdimos aquello de “Barato como en Feria”? ¿Quién nos borró lo de “Padrino mis perones”? Cuando desapareció lo de “Ya huele a Feria”? ¿Dónde, de manera destacada como antaño, estuvieron los productores y comerciantes locales? Sin duda que este tipo de programas tienen que evolucionar y adaptarse, pero es imperdonable que los cambiemos para empeorar, hay más elementos a corregir para mejorar, aspectos que a simple vista saltan y que requieren la inmediata atención so pena de matar a “la gallina de los huevos de oro”.
*Presidente de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C.

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