CULTURALIA. EN OCASIÓN DEL “GRITO” (I-III)

NOÉ GUERRA PIMENTEL*
“¡Viva la religión, Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe, Viva Fernando VII. Viva América y muera el mal gobierno!” Al margen de que dicha expresión haya surgido después atribuida a la presunta arenga que tuvo que hacer el patricio insurgente en Dolores, el Cura Hidalgo, dicha práctica se ha venido alimentando y fortaleciendo a lo largo de la historia de nuestro pueblo como el mítico hecho fundacional de una Nación, la mexicana, la nuestra.

Ello sin duda porque se significa como la verbena popular que unifica todos los credos políticos, ideológicos y espirituales; un acto que articula a un país que con estos motivos se imagina y reinventa en diversos nacionalismos. En mi opinión, es de esos momentos donde la tradición junta los acontecimientos del pasado con la esperanza del futuro. Los testimonios coinciden: la madrugada del 16 de septiembre de 1810, descubierta la conspiración de Querétaro y puestos sobre aviso, Miguel Hidalgo después de convencer a un titubeante Allende para que le diera apoyo, llamó a misa dominical.

Allí Hidalgo expuso los motivos de su lucha, para presuntamente después arengar a los presentes con un grito de insurrección. No se sabe con precisión cuáles fueron los términos exactas, aunque según dijo algo parecido a: “¡Viva la religión católica! ¡Viva Fernando VII! ¡Y viva y reine por siempre en este continente americano nuestra sagrada patrona, la Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Muera el mal gobierno!”. Una cruzada religiosa, “un llamado justificatorio de crueldad, a la intolerancia, a la irracionalidad: la terrible convicción de que la violencia redime”, dijera Krauze. Un momento si se quiere emblemático que fue pronto conocido como “el Grito de Dolores”. Los insurgentes reconocían así la fecha de inicio del movimiento que en esa primera época vio su fin a mediados del año siguiente, cuando luego de las derrotas acumuladas aquellos insurgentes fueron fusilados.

Pero continuó y la resistencia ocupó a nuevos combatientes. No había tiempo para la celebración. Ignacio López Rayón, caudillo heredero del Cura, rememoró el Grito el 16 de septiembre de 1812 en Huichapan, hoy estado de Hidalgo. Al mismo tiempo, la junta Gubernativa de América emitía un manifiesto que la enmarcaba. Si bien no sabemos a ciencia cierta cómo se desarrolló esta primera ceremonia, dada la precariedad de la insurgencia, se cree muy austera. No obstante, quedó como testimonio la Oda al 16 de septiembre, escrita por Andrés Quintana Roo, uno de los testigos de aquel primer festejo.

Al año siguiente, José María Morelos leyó ante el Congreso de Chilpancingo sus Sentimientos de la Nación, que en uno de sus puntos proclama que “se solemnice el 16 de septiembre de todos los años, como el de aniversario en que se levantó la voz de la independencia”. No hay registros de ceremonias realizadas posteriormente, años sumamente difíciles para la insurgencia hasta 1820. En 1821, año en el que termina el movimiento por Iturbide y éste ocupa el trono de emperador de México, como Agustín I, se propone que se festeje más bien la fecha de consumación, el 27 de septiembre. De hecho, el 27 de octubre de 1821, se realizó el primer acto conmemorativo oficial de la independencia. Ese día Iturbide encabezó la solemne jura y proclama de la soberanía en todo el país; hubo desfiles por las calles de la ciudad de México con pompa y boato, pero sin referencia al “Grito de Dolores”, ni a su principal protagonista, según Carlos María Bustamante, el Cura Miguel Hidalgo y Costilla. Continúa.

*Presidente de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, A.C.

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