CULTURALIA. RADIO OFICIAL A UN CUARTO DE SIGLO (II-III)


NOÉ GUERRA PIMENTEL
Con un horario de doce horas (de las 6 a las 18 horas) empezó a transmitir la Xeb Co, mismo que por diversas razones, entre ellas la intrusión en su espectro de una radio gringa, de esas presbiterianas que adoctrinan a gritos, el caso es que en unos meses más el horario fue ampliado hasta las 20:30 y luego a las 2 horas hasta llegar, en menos de dos años, a la anhelada transmisión corrida de las 24 horas, para convertirse así en la primera radioemisora de Colima que lograba tal presencia al aire.
Amplitud que por lo mismo implicó la contratación de más personal para cubrir turnos de seis horas en 4 bloques: De las 6 a las 12, de las 12 a las 18, de las 18 a las 00 y de ahí a las 6, para cerrar el ciclo en locución, audio y transmisión, mientras que el resto de las áreas conservó su horario de oficina, incluida el área de producción. En ese periodo de ajustes, de la operación de audio que originalmente se me asignó como plaza, pasé a la suplencia de locución generalmente en horarios nocturnos. Otro mundo fue el que se me reveló con este horario tan socorrido por los veladores, los taxistas y los radioaficionados de otras latitudes, como uno que escribió desde Hawaii.
Pero volviendo al día inaugural del 26 de junio de 1986, recuerdo como la gente se acercaba curiosa aquella mañana, el Paisano Presidente vendría a su tierra a entregar, entre otras obras, ésta, la de la puesta en marcha de XEB CO, la primera radiodifusora oficial del Estado de Colima, que originalmente funcionaría como retransmisora de la “B grande de México”, pero que tras la intervención y voluntad del Presidente, días antes fue autorizada para transmitir con programación propia.
Las y los jóvenes del Ballet Folclórico de Villa de Álvarez, con su Director el maestro Manuel Hernández Luna a la cabeza, hacía la valla desde muy temprano. Se les veía nerviosos, en fila, ataviados con manta blanca a la usanza colimota, llevando ramos de flores, ellas y bandejas con frutas costeñas, ellos, esperaban ansiosos el arribo del Primer Mandatario, mientras la gente, expectante tras las barreras metálicas, se entretenía escuchando a los mariachis que interpretaban el Palmero y el Camino Real, entre otros sones, alegraba la mañana que venteaba fresca a las 10 horas.
De pronto, un ruido extraño se hizo audible y cada vez más hasta hacer presentes en lo alto, uno tras otro, a los cuatro helicópteros de la Armada y del Ejército mexicanos que trasladaban al Presidente y su comitiva, aterrizando en improvisados helipuertos que habían sido trazados apenas un día antes, cuando una brigada de obreros entre empedradores, albañiles, electricistas, jardineros y demás, con maquinaria pesada apareció para de un día a otro transformar aquel viejo y pedregoso camino de Herradura que hasta entonces llevaba al Espinal, en una moderna vialidad con pasto, plantas, alumbrado y equipamientos que un día antes no estaban.
Las potentes aspas de los autogiros, además del ruido que con la cercanía se volvió ensordecedor, levantó una polvareda que se transformó en aquel violento terregal que obligó a retroceder hasta al más estoico de los militares, quienes olvidando la seguridad de tierra del Presidente, ante el peligro, emprendieron la discreta huida tras la desfigurada valla de bailarines que en carrera olvidaron todo. Se abrió el acceso y acompañado por el Jefe del Estado Mayor y el Director General del IMER, Teodoro Rentería Arroyave, entre otros. (Continúa)

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